Luces, felicidad, y … ¡navidad!

17 Dic

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Balcones iluminados, anuncios de nuestra industria gastronómica local más emblemática, los turrones, (compartiendo podium con el Chocolate Valor), los Niños de San Ildefonso cantando el gordo, ese olor a castañas que impregna las calles más céntricas de la ciudad,  y la avenida Maisonnave a reventar de ciudadanos que, asfixiados de tanto recorte, lo único que sus bolsillos les permiten hacer es caminar mientras observan los llamativos escaparates comerciales, que han sido cuidadosamente elaborados en un intento desesperado de levantar esas cifras de ventas imposibles y poco reales.

Y es que a cualquiera le hacen ilusión las navidades. Una época del año en la que la familia se reúne felizmente en el salón de casa, mientras la abuela cocina, los nietos corretean por el pasillo fantaseando con los regalos que Papá Noel les traerá la mañana siguiente. Pero llega un momento en que tanta navidad satura. Una excusa más de los grandes almacenes para levantar el espíritu de consumismo que desde 2006 empezó a caer en picado. Eso sí, es una buena razón para explotar a los pobres dependientes de los comercios, que no dan a basto, y que con los objetivos de ventas adaptados al contexto económico de 2001, en vez de motivarles a vender, consiguen el efecto contrario.

falsa  navidad

Pero las navidades también son una bonita ocasión para recordar el nacimiento del Niño Jesús. Y si se os olvida, tranquilos, que ya os lo recordará nuestra cada vez más querida Iglesia Católica, con tantos motivos religiosos que iluminan las cada vez más oscurecidas calles de España, que pienso que tienen el mismo calado, que su apología a la igualdad entre los hombres y mujeres, todos hijos de Dios. Una igualdad eterna, tanto fuera, como dentro de la ley. Así, mientras todo hijo de vecino paga religiosamente sus impuestos, la Casa de Dios prefiere no hacerlo, y recaudarlo para sus bolsillos.

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Me parece perfecto que cada uno viva las navidades a su manera, y lo haga como buenamente pueda, y su cartera se lo permita. Pero al hilo del post anterior, no debemos olvidar la verdadera naturaleza de las navidades, o por lo menos el sentido que personalmente cada uno le otorga; y es que, bajo mi punto de vista, es una época de descanso, de estar calentitos en casa, disfrutando de la familia (simplemente porque durante el resto del año todos estamos un poco más atareados), del turrón, y de esa típica programación televisiva, en cuya cartelera no pueden faltar “Eduardo manostijeras“, “Pesadilla antes de navidad“, “Solo en casa“, o “Mujercitas“. Obviando así el sentido que se nos pretende imponer, como una época del año cubierta de materialismo, donde se nos obliga a ser un poquito más solidarios, más buenos, y donde priman los valores como el amor, la paz o la felicidad. Como si durante el resto del año tuviéramos que hacer todo lo contrario.

En fin, que cada uno coma y deje comer, y de la comida que quiera.

Y aprovechando el tema, ¡Felices Fiestas a todos!

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