“Si te pasas, te lo pierdes”

27 Mar

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PERFIL“Tienes que saber para quién escribes. Y tienes que saber qué se te da mejor. Yo tomo nota de lo que le gusta a la gente. Y sobre eso escribo”. Sin excesivas indagaciones en esta reflexión todo sería correcto. Ahora bien si analizamos el sujeto y el objeto que hay detrás de esta afirmación empezamos a entrever demasiadas ideas imprecisas que más bien habría que matizar. El sujeto es Stephen Glass y el objeto es el “todo vale” al que parece aferrarse el prota de El Precio de la Verdad. Él es un joven periodista que trabaja para New Republic. Su afán de ascender profesionalmente y de hacerse con el reconocimiento de los de arriba le lleva a inventarse una sarta de mentiras que daban vida al reportaje “Hack Heaven”. Quizás no fueran solo sus ansias de crecer en el trabajo, lo que le llevó al delirio periodístico, probablemente también afectó el cúmulo de debilidades que se intuían en su personaje. En cualquier caso, el film de Billy Ray reabre el debate sobre el abismal poder de la prensa, y lo incontroladamente dañino que puede llegar a ser si los que trabajan en ella no ejercen de una manera responsable.

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A muchos de los periodistas cuando nos entró el gusanillo de dedicarnos a esto de escribir nos costó bastante explicárselo a la familia. Quizás algunos padres, abuelos o tíos hubieran preferido tener por hijo, nieto o sobrino a un ingeniero de obras públicas o economista en la familia. Responder a las preguntas de ¿y eso para qué sirve? Eso no tiene salidas, o sólo se dedican a hacer “copia y pegas”, fue algo duro. Sin embargo los periodistas sabemos lo increíblemente útil que es nuestra profesión, y la cantidad de cosas que aprendes en el camino. Un periodista a lo largo de su vida aprende, además de otros principios, y conocimientos, a reconocer e impregnarse de una serie de valores que son vitales, no sólo para esta profesión, sino en general para nuestro día a día. El respeto por la verdad. La constratación de las fuentes. El rigor periodístico. Y otros puntos deontológicos.

Cuando se trabaja para cualquier medio de comunicación existe una presión latente. Una presión que encuentra en las cifras de ventas su principal razón de ser. Obviamente todos quieren ser el número uno. Y esto puede llevar a que la búsqueda de noticias, de informaciones o de anécdotas se convierta en una verdadera carrera entre el éxito y el fracaso. Como le ocurrió al reencarnado Hayden Christensen, al convertirse en Stephen Glass, cuanto más descabellado y llamativo sea el caso publicado más lectores va a generar. Pero en ningún momento se tienen que abandonar los códigos éticos de la profesión. No podemos pasar por alto esos valores que caracterizan y hacen digno al periodismo. Porque de los contrario no nos queda nada. Perderemos nuestra credibilidad, nuestros clientes, nuestros principios no sólo entorno a lo que supone nuestra profesión, sino nuestros principios como persona.

SteEste ceñimiento a la verdad informativa, en ningún caso implica coartar la libertad de expresión, sino todo lo contrario. Es muy importante que exista una diversidad de temas, que no se impongan criterios partidistas que atienden a ideologías u otro tipo de factores, pero lo que no se puede permitir, es como en el caso de El Precio de la Verdad, que a falta de temas ingeniosos e interesantes se dé rienda suelta a la imaginación. ¿Pero cómo evitar que se den estas situaciones? La manera más correcta y que todos conocemos es recurrir al uso de las fuentes. Es importante dejar constancia de dónde se ha obtenido la información, para que en cualquier caso, se pudiera recurrir a dicha fuente. De la misma manera, si nos ponemos a señalar los puntos sobre las íes, tampoco dejan de tener culpa aquellos medios que, contando con un gran potencial y experiencia a sus espaldas, no pongan los medios necesarios para llevar a cabo una rigurosa etapa de revisión en la que contrasten las informaciones que se van a publicar, y en la que está en juego no sólo la credibilidad del artículo y/o periodista, sino la supervivencia del propio medio. Grato error.

Es importante reconocer lo siguiente:

–       Es fundamental que el periodista construya una base deontológica en su interior, que estará presente en cada uno de los proyectos en los que se embarque

–       La explicitación de las fuentes es la principal seña de la veracidad

–       Investigar. Ir más allá de lo que nos presentan

–       Una vez más, el fin rotundamente no justifica los medios

–       La importancia de contrastar

Las conclusiones extraídas parten del visionado de El Precio de la Verdad, que a su vez refleja la realidad del medio tradicional. Cuando se faltan a los códigos éticos del periodismo, no se habla de medios, sino de personas. El que está detrás de la edición de una información es el verdadero responsable. El medio en todo caso, puede ayudar a que la contrastación de la información publicada sea más pronta.

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